El análisis de las Legislativas 2013: Massa y su cheque en blanco

El electorado bonaerense respaldó una fuerza incipiente, basada en gestiones locales, que ahora deberá demostrar que no sólo es un armado electoral.

Massa y Zamora, exultantes tras el rotundo triunfo electoral en la provincia.
 
 

Pueden trazarse varios análisis sobre los resultados que arrojaron las elecciones legislativas 2013.

Uno, estrictamente matemático, indica que el oficialismo nacional, el Frente Para la Victoria, logró una elección de adhesión dispar en el total país, pero renovó las bancas obtenidas en unos comicios de similar desempeño –los de 2009-, por lo que retuvo sin mayores inconvenientes la mayoría en ambas Cámaras legislativas.

Otro, netamente político, enfoca a Sergio Massa como el dirigente proporcionalmente más votado en todo el país. Contundente ganador en un distrito eminentemente estratégico como lo es la provincia de Buenos Aires. Y posicionado como el eje de la tercera fuerza política a nivel nacional, con el 17 por ciento de los votos del país, habiéndose presentado solamente en una provincia.

Claramente, el electorado bonaerense decidió colocar al Frente Renovador en el centro de la escena política a partir de ahora y de cara a las elecciones presidenciales de 2015. No es casualidad que, en el Conurbano, muchos de los denominados “barones” que respaldaban al kirchnerismo sufrieran duros reveses en manos de candidatos massistas.

En esa línea, casi todos los intendentes que decidieron darle la espalda al Gobierno Nacional y cerrar filas con el Frente Renovador, tuvieron sus réditos. Ese fenómeno se vio con mucha claridad en los municipios de la Zona Norte, en la que los oficialismos locales traccionaron votos hacia el massismo y viceversa.

A pesar del desgaste de una década de gestión en la que su mejor versión quedó algo lejos en el tiempo, Humberto Zúccaro volvió a obtener el aval de los ciudadanos pilarenses. Aún en una elección legislativa que no lo tuvo como candidato, pero sí a un funcionario sin demasiado arraigo popular como Ricardo Male, se quedó con más del 40 por ciento de los votos y conservará cómodamente la mayoría en el Concejo Deliberante.

Allí también sorprendió el desempeño de un candidato ex zuccarista, Gustavo Trindade, que de la mano de una colectora de Sergio Massa superó el 11 por ciento de los sufragios.

La misma situación se replicó en San Isidro, las tierras de Gustavo Posse, donde entre las dos listas que llevaron al tope a Sergio Massa –la “pura” del Frente Renovador y la colectora de Unión Popular, oficialismo municipal- acapararon más del 51 por ciento de los votos.

Sería una redundancia analizar el desempeño de Massa en Tigre, donde respaldó su gestión más del 61 por ciento del electorado y encontró una ventaja sobre su perseguidor inmediato superior a los 40 puntos.

Con una trayectoria que, como fuerza provincial, no supera los cuatro meses, el Frente Renovador acaparó un capital de respaldo que muchos partidos no logran en años. Y lo hizo sobre la base de una alta imagen positiva de su alma máter, sumada a una buena gestión en un distrito de alto poder adquisitivo, como Tigre. Es, en términos económicos, un negocio redondo, con máximo rédito sin demasiada inversión inicial.

El gran interrogante es qué harán Sergio Massa y sus aliados del Frente Renovador, con ese capital obtenido. Los más de 3,8 millones de ciudadanos que eligieron esa opción lo hicieron escrutando las gestiones locales de un puñado de intendentes y contrastándolas con argumentos de campaña. Llevar todo eso a la práctica de cara a la Nación –o, como mínimo, a la provincia- es un deber que el massismo deberá cumplir con un grado altísimo de obligación. De eso depende su futuro.

Ese grupo de dirigentes, que desde los municipios se proyectan como fuerza política de aspiración nacional, tiene en sus manos un cheque en blanco. Y dos años para garantizar con gestión que esa extrema confianza depositada en ellos haya tenido un sentido.

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