¿Cómo mantener tu casa en buen estado?

Estructura, agua, gas y electricidad. Esos son los cuatro elementos fundamentales de un hogar. Sobre esa base, te ofrecemos esta guía práctica para prevenir problemas en el mejor lugar del mundo: aquél donde vivís.

El mantenimiento de nuestra casa tiene una palabra clave: prevención. Todos los cuidados del hogar deben contar con ese propósito.

Una casa es una máquina de vivir. Como tal, se desgasta. Nadie duda, por ejemplo, en cumplir con el service del auto. Sin embargo, no es tan común cuando se trata de nuestra casa.

Acá te proponemos una guía práctica para que puedas mantener tu casa en buen estado.

Tener a mano los planos de tu casa es la primera medida preventiva para mantenerla. En ellos se muestra todo lo que no se ve. Y son una guía frente a cualquier percance.

Techo. Una vez al año revisá su estado. Una teja rota o una membrana gastada son fuentes de humedad. Si eso se detecta, también es recomendable ver cómo está el material aislante. Atendé además a la presencia de moho y a las plantas trepadoras: pueden ocultar filtraciones.

Paredes exteriores. Buscá al menos una vez por año grietas o fisuras. Si son de menos de 1,5 mm se pueden solucionar con sellador o enduido. Si son mayores a esa medida, recurrí a un experto. En cuanto a la pintura, es recomendable una lavada de cara cada dos o tres años.

Techos y paredes interiores. Limpiá dos veces por año las paredes con un trapo húmedo y fijate si hay grietas o fisuras. Si las hay, se aplica la misma norma que en el punto anterior. Según la orientación y los factores climáticos, es conveniente que pintes cada tres años. Pero en baños y cocinas es mejor hacerlo cada uno o dos años, por la exposición de estos ambientes a hongos, humedad y grasa.

Puertas exteriores y ventanas. Aceitalas dos veces por año. Y una vez por año protegelas con pintura o barniz para exteriores. Por lo demás, puertas y ventanas deben abrir y cerrar fácilmente. Si no, requerirán de un arreglo. Además, en primavera es importante revisar el estado de los mosquiteros y antes del otoño, el de los burletes.

Desniveles. También se aconseja al menos una vez por año verificar que no haya desniveles en pisos, balcones y terrazas. Si los detectás, será bueno determinar la causa con un arquitecto.

Escaleras. Comprobá periódicamente los anclajes, encastres y tornillos. Y cuando llegue el momento de pintar la casa, no te olvides de este espacio.

Agua. Con el punto anterior te ahorrarás muchos dolores de cabeza relativos a filtraciones y humedad. Sin embargo, el agua puede ser igual un problema si no se lo ataca a tiempo.

Limpieza del circuito. Si querés depurar las cañerías y los conductos, existe una manera práctica. Abrí durante 5 minutos todas las canillas de tu casa y dejá correr el agua. Hacelo una vez al año.

Tanque de agua. Te aconsejamos que contrates un servicio de limpieza del tanque de agua anualmente. Es fundamental para la salud de todos los que viven en tu casa.

Desagües. Cada seis meses revisá el codo del desagüe de las piletas de la cocina, los baños y el lavadero. Allí se acumulan grasa y desperdicios que tapan -y hasta a veces rompen- el circuito.

Canillas y rejillas. Controlá periódicamente que las canillas no goteen ni pierdan agua en las juntas. Estos son elementos que sufren mucho desgaste. Y para evitar taponamientos y malos olores, limpiá con regularidad rejillas de piletas, pisos, duchas y bañeras.

Humedad. Descartadas filtraciones y humedades provenientes del techo, aún pueden registrarse. Uno es el caso de la producida por condensación y falta de ventilación en baños y cocina. El control aquí debe ser diario: airear es la clave. Para monitorear la situación de los caños, bastará con revisar diariamente que la presión y el funcionamiento de los artefactos no sufran alteraciones. Asimismo, prestá atención a cualquier mancha de humedad que no sea por condensación: puede provenir de una rotura.

Pileta de natación. Conviene cambiar la arena del filtro cada tres o cuatro años. Si la pileta sólo se utiliza en verano, antes de su entrada en servicio, corroborá que el reloj que indica la presión sea la correcta.

Gas. Debemos estar atentos al normal funcionamiento de los artefactos que funcionan con gas. Todos tienen que contar con válvula de seguridad, matrícula de aprobación e instalación de un gasista matriculado. Además, es clave la ventilación y evitar que la conducción flexible sea de goma.

Llama. La llama de cualquier artefacto a gas debe ser azul. Si es amarilla, naranja o roja significa que la combustión no es la correcta. En ese caso, llamá a un gasista.

Artefactos. Las estufas deben ser de tiro balanceado, es decir, con salida al exterior. Y no tienen que provocar mareos, ni sueño, ni dolor de cabeza. Si ello sucede, la salida exterior de gases no funciona bien. Antes de los primeros fríos del otoño, realizá un servicio de mantenimiento de los calefactores. Calefones y termotanques, por su parte, deben recibir su correspondiente service según las indicaciones del fabricante. En todos los casos, estas tareas sólo la realizan gasistas matriculados.

Prueba. Cada cinco años un gasista matriculado debe realizar una prueba específica de toda la instalación de gas de tu casa. En ella verificará el estado de los caños y las conexiones, y la calidad de la presión.

Llaves de gas. Deben girar perfectamente. Si ello no sucede, no utilices lubricantes, que son inflamables. Consultá a tu gasista matriculado. Para evitar que se rompan, no las uses como perchero de repasadores o escobillones.

Electricidad. Como el gas, la electricidad es un servicio que, sin mantenimiento preventivo, puede ser muy peligroso. Toda instalación eléctrica debe contar con jabalina, caja térmica con disyuntor y cable a tierra en cada toma.

Disyuntor. Cada 45 días activá de forma manual el disyuntor. Este elemento nos salva la vida frente a una fuga o descarga eléctrica. Activarlo de forma manual es una manera de corroborar que su funcionamiento es correcto. Si se activa solo, cualquiera sea el motivo, llamá al electricista. Un corte de luz propio de la casa tiene una causa, pero debe ser determinada por quien sabe.

Bocas. El control de las bocas de electricidad es diario. Las tomas eléctricas no deben producir chispas internas. Y las llaves de luz tienen que activar la iluminación sin problemas. Si ello no pasa, tendrás que llamar al electricista y, tal vez, cambiar tomas y artefactos. También evitá la sobrecarga en una sola toma de varios elementos eléctricos.

Aire acondicionado. Debe estar conectado de manera independiente y por un instalador autorizado por la marca. Cada artefacto de refrigeración posee sus propias especificaciones, que deben ser respetadas.

Adaptadores y artefactos. Si se utilizan triples o adaptadores, estos deben ser de marca y contar con certificación visible. Lo mismo se aplica para artefactos, tomacorrientes, fichas y prolongadores. Si tenés enchufes de dos patas cilíndricas, hay que cambiarlos, según el marco regulatorio vigente, por tres o dos patas planas. Tu electricista será el mejor asesor en la materia.

Prueba. No existe una prueba en un plazo estimado que se aconseje, sino el uso responsable de la electricidad de forma diaria. Frente a cualquier cortocircuito o anomalía en un artefacto, el único consejo es llamar a un experto. Con la electricidad nunca se juega.

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